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domingo, 17 de julio de 2011
Del GPS al sextante
Los satélites a los que me refería en la entrada anterior han facilitado, sin duda, la navegación. Hoy ya son muchos los que utilizan el sistema GPS (Global Positioning System, o sistema de posicionamiento global), que permite determinar la posición de un objeto, un vehículo, una nave o una persona con una gran precisión.
A una distancia de unos 20.000 km de la Tierra, hay 24 satélites que recorren órbitas sincronizadas para cubrir toda la superficie del planeta. Los receptores de GPS localizan a tres de ellos y puede conocer su posición por el método de triangulación inversa, que se basa en determinar la distancia de cada satélite respecto al punto de medición. Sus aplicaciones son numerosas. La más obvia, por extendida, es la que acompaña a muchos conductores cerca del volante.
Pero no te sorprenderá, o tal vez sí, saber que su aplicación es muy reciente. Hasta finales del siglo pasado el sextante era el instrumento de navegación que utilizaban barcos y aviones. Se trata de un instrumento que permite medir ángulos entre dos objetos. Por ejemplo, entre dos puntos de una costa o un astro.
Puedes ver uno con la descripción de sus partes en este enlace: http://www.infovisual.info/05/076_es.html
No parece fácil de utilizar, aunque os confieso que me encantaría aprender. Una ventaja de este instrumento sobre los modernos GPS es que no necesita electricidad, aunque sí que te obliga a tener un buen reloj a mano.
Volvamos al HMS Beagle. ¿Te imaginas al capitán FitzRoy utilizando el sextante y luego señalando cada posición así obtenida sobre un mapa? Efectivamente, en aquella época no se trataba tanto de encontrarse en un mapa dado, sino de dibujar un mapa que podía no existir hasta el momento, o bien ser muy inexacto.
La gente del XVIII aún estaba descubriendo un mundo al que quería civilizar y, sobre todo, colonizar.
Y la gente del XXI aún no ha descubierto cómo vivir en él sin matarse los unos a los otros.
Imagen procedente de http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Marine_sextant.svg
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sábado, 16 de julio de 2011
El futuro del turismo y el principio de responsabilidad
¿Qué tienen en común las Galápagos con '2001: una odisea en el espacio'? El turismo, sin duda.
Tal vez ni siquiera Stanley Kubrik (1928-1999) ni Arthur C. Clarke (1917-2008) llegaran a imaginar que alguien llegara a viajar como turista al espacio precisamente en 2001. En efecto, Dennis Anthony Tito se convirtió en el primer astronauta diez años después de que se malograra su primer viaje a la estación soviética MIR. Tenía entonces sesenta años de edad. Y, por supuesto, era un multimillonario de Wall Street que podía permitirse el capricho. El pasaje para este vuelo ronda los 20 millones de dólares.
Los turistas espaciales se cuentan, de momento, con los dedos de una mano. A Tito le siguieron Mark Shuttleworth, Gregory Olsen, Anousheh Ansari y Charles Simonyi.
Se puede argumentar que con su dinero estos turistas millonarios ayudan a sostener los viajes espaciales. Se trata del mismo argumento que se utiliza para justificar el turismo a las Galápagos, o a las costas mediterráneas. Del mismo modo, sin embargo, el turismo ha servido también para que nuestras costas desaparecieran sepultadas por bloques de apartamentos; que varias especies endémicas de las Galápagos estén en peligro de extinción o hayan desaparecido; o que estemos dejando en la órbita terrestre montones de basura espacial.
Que no todo el mundo pueda pagarse un pasaje al espacio deja bien claro que viajar como turista no es una actividad democrática, sino elitista. Como lo es también hacer turismo en las Galápagos.
El turismo, ya sea elitista o masivo, es difícil de compatibilizar con la sostenibilidad del planeta. ¿Llegaremos a construir hoteles espaciales? Posiblemente. ¿A qué coste? ¿Quién podrá pagarlo? ¿Cuánta gente morirá de hambre para que alguien pueda reunir la fortuna que costará el viaje? ¿Calcularán el coste ecológico? ¿Cuánta energía se consume en el lanzamiento de una expedición espacial? ¿Y en una a las Galápagos?
Hans Jonas (1903-1993) escribió sobre el principio de responsabilidad:
“Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra”. (ALCOBERRO, Ramon. 'Filosofia i pensament' en http://www.alcoberro.info/V1/jonas0.htm).
Fotograma de '2001: una odisea en el espacio'
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