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jueves, 25 de agosto de 2011

Siguiendo la estela de la Kon-tiki


En 1947, el noruego Thor Heyerdahl (1914-2002) dirigió una expedición a bordo de una balsa construida con troncos, plantas y materiales naturales autóctonos que se encuentran en la costa Oeste de América del Sur.

La Kon-tiki navegó más de 7.000 km (4.700 millas) durante 100 días, desde Perú hasta las Islas Tuamotu. A Heyerdahl le acompañaban otros cinco hombres: Knut Haugland, Bengt Danielsson, Erick Hesselberg, Torstein Raaby y Herman Watzinger.

Luego, el explorador noruego escribió un libro que se convirtió en un super-ventas, y su documental fue premiado por con un Óscar de la Academia en 1952. Recuerdo que en el colegio construíamos nuestras kontikis a escala, como parte de un ejercicio de clase.

Heyerdahl era un biólogo marino muy interesado, también, en la antropología. Quería demostrar que los primitivos indios americanos pudieron conquistar las islas del Pacífico cruzando el océano. No obstante, la mayoría de los antropólogos sostienen lo contrario: que la Polinesia fue colonizada a partir de migraciones procedentes del continente asiático.

A favor de estos últimos tenemos dos datos:
  1. Que en las Galápagos no se encuentran restos de presencia humana anterior a la visita del religioso dominico Fray Tomás de Berlanga, en 1535. Sin embargo, el propio Heyerdahl dijo en 1963 haber encontrado restos arqueológicos de los incas y algunos objetos, con lo que sugería que el archipiélago pudo estar habitado mucho tiempo atrás.
  2. Por otra parte, hay pruebas genéticas que demuestran un preorigen asiático, tal como ocurre con los habitantes de la isla de Pascua.
La Kon-tiki me sirve para poner punto final a este viaje por las Galápagos. Quedan muchos temas por tratar, seguramente. Y habrá otros viajes, sin duda. De hecho, la aventura de la vida no tiene fin y siempre es un volver a empezar... hasta que acaba.

De momento sigo como navegante o como náufrago, escribiendo en la bitácora que lleva ese nombre, precisamente: ¿Navegante o náufrago? Allí te espero. Aunque de vez en cuando me pasearé por esta otra orilla del mar, atento por si llegara un mensaje en una botella... por ejemplo.

Nunca se sabe.


Imagen de la bitácora de Juan Manuel Grijalvo: http://www.grijalvo.com/g_no_Noruega/1aa.htm

domingo, 21 de agosto de 2011

De los pinzones de Darwin


Lo que el joven e inexperto Charles Darwin (1809-1882) entregó en la Geological Society of London el 4 de enero de 1837, fue buen número de aves disecadas que él pensaba que pertenecían a familias diferentes. Seis días después, el ornitólogo John Gould (1804-1881) le sacaría del error: muchas de ellas eran pinzones peculiares con suficiente entidad para formar un nuevo grupo en el que se incluían varias especies.

Así, los llamados pinzones de Darwin, siendo de la familia Emberizidae, formarían un nuevo género: el Geospiza.

Si hablamos en su día de los errores del capitán FitzRoy, hemos de decir que el propio Darwin cometió uno mayúsculo: el juntar todas las aves en sacos sin identificarlas debidamente, de tal manera que era imposible determinar de qué isla procedía cada una.


Paradójicamente, fueron los pinzones recogidos por el equipo de FitzRoy los que aportaron esos datos, pues éstos sí que iban bien etiquetados. Así, Darwin pudo relacionar a cada especie con un hábitat diferente, pues los pinzones de una isla no se hallaban en las otras, y viceversa.
  • El pinzón grande de cactus (Geospiza conirostris) se halla, sobre todo, en la isla Genovesa. Su fuerte pico le permite alimentarse de semillas grandes y duras, aunque también come insectos. Su alimento principal es el cactus Opuntia.
  • El pinzón terrestre de pico afilado (Geospiza difficilis) habita en las islas Genovesa y en Santa Cruz.
  • El pinzón terrestre mediano (Geospiza fortis) también se encuentra en Santa Cruz.
  • El pinzón terrestre pequeño (Geospiza fuliginosa) está presente en varias islas. Se alimenta de parásitos que encuentra en la piel de las tortugas gigantes o de las iguanas terrestres o marinas.
  • De fuerte pico es también el pinzón terrestre grande, otro comedor de semillas, el Geospiza magnirostris que prefiere como hábitat los áridos matorrales de las tierras bajas y los bosques tropicales caducifolios de las islas Santa Cruz y Genovesa.
  • Otra especie es el pinzón de cactus común (Geospiza scandens) que por lo visto se encuentra allá donde no habita el pinzón grande de cactus, probablemente porque compiten por el mismo cactus, el Opuntia.
Darwin se dio cuenta de que estas diferencias en picos, tamaños o plumajes, respondían a la adaptación de los pinzones al medio en el que se encontraban. Lo cual no significa que el pinzón pueda decidir sobre ella, sino que la casualidad hará que se adapten aquellos que desarrollan una diferencia genética que en un medio puede serle beneficioso, y en otro significaría la muerte segura. Así es como la naturaleza selecciona  los individuos más aptos. No hay mérito alguno en la evolución, sólo casualidad.


Imagen de la Wikipedia.

lunes, 8 de agosto de 2011

Los políglotas de las Galápagos


El profesor Serrallonga estudia el comportamiento burlón de los sinsontes. Éstas son unas aves de la familia Mimiade, con más de 35 especies extendidas por todo el continente americano. Son capaces de imitar el sonido de otras aves y demás sonidos del entorno, tales como las notas de un piano, ladridos de perros y sirenas. Curiosamente, el sinsonte común viene definido por el binomio taxonómico Mimus polyglottos, es decir, imitador políglota.
"Si no creyera en la locura
de la garganta del sinsonte;
si no creyera que en el monte
se esconde el trino y la pavura.".
De la canción 'La Maza', de Silvio Rodríguez.


En el archipiélago encontramos varias especies endémicas del género Nesomimus:
  1. Nesomimus parvulus, está presente en casi todas las islas.
  2. Nesomimus trifasciatus, sólo habita en la isla Floreana y son los sinsontes en mayor peligro de extinción.
  3. Nesomimus macdonaldi, que sólo se la encuentra en La Española.
  4. Nesomimus melanotis, que también está en peligro y vive en San Cristóbal.
Cuenta Serrallonga que está observando como los sinsontes están imitando ahora los ruidos que hacen los hombres al cazar otras aves no endémicas que amenazan su hábitat. De esa manera les confunden y defienden así sus nidos.

Como ves sigo sin hablar de los pinzones, pero empiezo a tener mis dudas. ¿Fueron los pinzones o los sinsontes los que inspiraron la teoría evolutiva de Darwin?

Eso es lo que afirma el profesor Robert L. Curry, del departamento de biología de la Villanova University (Pensilvania) en su página web, citando al propio naturalista inglés:
"My attention was first thoroughly aroused by comparing together the various specimens ... of the mocking-thrush". (DARWIN, Charles. 'The Voyage of the Beagle'. 1839)
Curry no deja de sorprenderme: ¿Cómo es que una universidad que se declara seguidora de San Agustín muestra interés en seguir los pasos de Darwin? Entre su ideario está el animar "programas e investigaciones sobre problemas contemporáneos a través de la lente de la enseñanza social católica".

Tal vez los sinsontes puedan explicárnoslo algún día.

Imagen de un Nesomimus melanotis de la Wikipedia.

viernes, 29 de julio de 2011

En el orígen ya nos topamos con la polémica


Desde siempre he oído dos versiones sobre el origen del ser humano. La primera era ésta:
"Una vez que había creado las infinitas estrellas, la tierra con sus montañas, mares, bosques y todo tipo de animales, Dios, según la Sagrada Escritura, formó su obra culmen diciendo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se muevan sobre ella»". (Génesis, 1; 27)
La segunda se limitaba a atribuirle a un tal Darwin la afirmación de que nuestros antepasados eran simios, dejando a la imaginación de cada uno que éstos se parecieran más a los gorilas, a los chimpancés o a los orangutanes.

Ambas ideas son falsas.

La primera porque se trata de una fantasía, nada inocente, que pretende situar al hombre, y sólo al hombre, por encima de la naturaleza, y por encima de la mujer también. Justificar el dominio sobre los demás sería la idea clave.

Por lo que se refiere a la segunda, Darwin nunca dijo «que viniéramos del mono». Él se limitó a apuntar hacia el Este de África como posible origen geográfico de los seres humanos. Y acertó. Respecto a los simios se limitó a afirmar que tanto ellos como los humanos tendríamos un ancestro común, pero nuestras especies evolucionaron paralelamente.

La Teoría de la Evolución plantea que los seres humanos no somos diferentes de los animales, lo que contradice a quienes creen que somos una creación divina. Los grupos religiosos más conservadores contemporáneos de Darwin se mostraron muy combativos. A ellos se les sumaban los que defendían la superioridad racial de los blancos sobre el resto de otras razas. Las ideas racistas que desembocaron en los fascismos de los años treinta, tenían su origen el la mentalidad eurocentrista del siglo XIX, muy orgullosa de la Revolución Industrial que estaban llevando a cabo.

La Teoría de la Evolución tuvo una gran transcendencia social, política, religiosa, filosófica y cultural. Como dice mi amigo Arcadi:
"El ser humano dejó de ser un fin de la naturaleza. Dios ya no hacía falta para explicar la vida ni nuestra presencia. La religión perdió su dominio sobre las mentes. La realidad se hacía autónoma y mucho más impresionante y maravillosa de lo que uno podía imaginar. La ciencia nos ha puesto en nuestro lugar. No somos nada especiales. Vivimos en un rincón del universo, en una pequeña galaxia, girando alrededor de una estrella insignificante. Y formamos parte de un proceso casual y no de un proyecto superior".
No es extraño que a Darwin, teólogo de formación, le costara tanto decidirse a publicar su teoría. Cuando lo hizo, en 1854, habían pasado 24 años de su viaje a las Galápagos.

La imagen es una captura del vídeo presentado por Attenborough, que puedes ver en esta entrada: http://pensandoenlasgalapagos.blogspot.com/search?updated-max=2011-07-21T00%3A18%3A00%2B02%3A00&max-results=7

martes, 26 de julio de 2011

El imperativo ecológico


Las éticas tradicionales están enfocadas al aquí y ahora. Los modelos teleológicos (Aristóteles) y deontológicos (Kant) nos dicen cómo hemos de actuar en el momento presente y se limitan al espacio que nos es más próximo. Son, además, teorías antropocéntricas pues el objeto de su estudio es, invariablemente, "el hombre".

El principio de responsabilidad enunciado por Hans Jonas (1903-1993) nos introduce en una nueva perspectiva ética:

"Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra".
Antes de la Revolución Industrial el hombre aún vivía en ciudades que representaban el mundo civilizado y le protegían de la naturaleza salvaje. Hoy las ciudades ya no cercan, sino que se expanden, con lo que se ha invertido el panorama y es la naturaleza la que queda protegida en parques cada vez más pequeños, en hábitats cada vez más amenazados. 

Los seres humanos tenemos una responsabilidad respecto de la naturaleza desde el momento en que tenemos poder para alterarla, y últimamente hasta de destruirla.

En eso consiste el imperativo ecológico.

Ahora la ética ya no puede ser individual, es preciso que actuemos colectivamente. No podemos confiar en que cada uno actuará correctamente ante la naturaleza, pues basta que unos no lo hagan para que la acción de los otros no sirva para nada.

Y las consecuencias de nuestras acciones ya no quedan restringidas a nuestro entorno más inmediato pues lo que hagamos en un punto del planeta tendrá repercusión en el resto del mismo. El mero hecho de viajar supone un derroche de energía cuando millones de seres humanos carecen de ella.

Sí, soy un poco aguafiestas, pero reconozco que no confío en esa presunta inteligencia de los humanos para resolver un turismo sostenible. Basta comprobar lo que se ha hecho con los escasos espacios libres que quedaban en nuestras costas mediterráneas. O lo que ya es un abuso urbanístico en algunas zonas de Pirineos, por ejemplo. 


(Ah, la próxima semana hablaremos de los pinzones).

Imagen del crucero Galapagos Explorer: http://www.galapagosisland.net/cruises/galapagos-explorer-cruise/explorer-pictures.html 

sábado, 23 de julio de 2011

Aves por las Encantadas


Hasta ahora hemos hablado de Darwin, del Beagle y del origen de la vida, en general. Y también de algunos animales que habitan en las islas Encantadas. Empecé por los grandes cetáceos, cachalotes y ballenas, y luego los delfines. Ya sabes que éstos son mamíferos, y no peces. (Bueno, lo sabe todo el mundo pero a veces no está de más recordarlo). Sin abandonar los mamíferos, me referí también a los otarios, o leones marinos. Introduje las zayapas, que son unos crustáceos, es decir, los primeros invertebrados en aparecer en esta bitácora. Y no me olvido de las iguanas, terrestres y marinas. Reptiles tan importantes como ellas faltan por llegar. Me refiero a las célebres tortugas gigantes que sólo encontramos en las Galápagos.

En Internet hay una base de datos, actualizada para noviembre de 2007, y una de sus páginas, concretamente, nos lista las aves que están por las Galápagos: http://avibase.bsc-eoc.org/checklist.jsp?region=ecga&list=clements. Cada una con un enlace a su ficha correspondiente.

Según Avibase, son 159 especies diferentes las que sobrevuelan, o no, el archipiélago. Recuerda que existe un cormorán que no vuela y que tampoco lo hacen los pingüinos. Hay 27 especies que son endémicas, esto es, que son propias y exclusivas de las Galápagos. Por otra parte, 15 de ellas están amenazadas globalmente.

Debido a su similitud morfológica, se dice que las aves son las descendientes más directas de los dinosaurios, aunque hay quienes lo niegan. Un buen tema de debate, sin duda.

En el viaje de Darwin hacia el origen de las especies, las aves tienen una importancia extraordinaria. 

Pero será otro día cuando hablemos de los pinzones.

Ha llegado el momento de que nuestro primer pez entre en escena. 



La imagen muestra un piquero de pata azul.

jueves, 21 de julio de 2011

Sin libros en el Oceanogràfic

 

El interés por las especies cuyo hábitat son las Galápagos nos ha llevado a visitar esta tarde el Oceanogràfic de València.

Asombra ver esas inmensas peceras repletas de tiburones, rayas, cangrejos, morsas, belugas, etc. Asombra también ver la cantidad de turistas que acuden ante el reclamo de ver nadar a los peces o que se deleitan con las piruetas de los delfines amaestrados. Asombra, cómo no, la presencia de tiendas repletas de artículos tales como camisetas, peluches, gorras, tazas, etc.

Pero me inquieta pensar sobre las razones por las que no encuentras un sólo libro, ni tan siquiera un DVD, aparte de los promocionales del propio Oceanogràfic. ¿Será porque la información gráfica que encontramos en los paneles es suficiente? No. Ésta es muy superficial. El hecho de aparecer en tres idiomas, español, valenciano e inglés, resta mucho espacio para poder extenderse en explicaciones sobre las características de cada animal.

Por otra parte, las cartelas descriptivas de algunos peces, sobre todo en la sección de los tiburones, son escasas o nulas.

Me pregunto entonces sobre la razón por la que se construye un oceanográfico de grandes dimensiones. ¿Acaso no debería ser la difusión cultural? ¿O se limita al interés comercial que hay detrás de unas entradas caras, unos restaurantes caros, y unos peluches caros.

Y no es porque los empleados no sepan. Preguntamos a una empleada y, con gran entusiasmo, nos dio una información muy pormenorizada de un pez del que ni siquiera sospechábamos su existencia.

Uno del que os hablaré próximamente.


Sitio oficial del Oceanografic de València: http://www.cac.es/oceanografic/

miércoles, 20 de julio de 2011

La marcha atrás de los cangrejos


Lo habrás oído miles de veces eso de que los cangrejos andan hacia atrás. Los más precisos te dirán que andan de lado o incluso que andan hacia todas partes.

El caso es que en las Galápagos abunda una especie conocida como zayapas, de un rojo vivo, combinado con azules y amarillos. Y como a estas alturas ya estamos familiarizados con la taxonomía, diremos que su nombre científico es el Grabsus grabsus. Aunque siendo el primer invertebrado que visita nuestro blog, tal vez deberíamos insistir en conocer toda sus clasificicación. Linnaeus se pondrá contento.

Empezaremos por lo más obvio: se trata de un animal (Reino: Animalia). Y es un invertebrado (Filo: Arthropoda) que pertenece a la rama de los crustáceos (Subfilo: Crustacea). Es de la clase de los malacostráceos (Clase: Malacostraca), es decir, que tiene concha blanda como la inmensa mayoría de los crustáceos. La excepción son los cangrejos hermitaños que carecen de ella y utilizan conchas prestadas de otros animales. Tienen diez patas y por eso decimos que son decápodos (Orden: Decapoda). Y así, vamos llegando al final, donde definimos que su famila como la de los cagrejos con garra (Familia: Grapsidae) para nombrar a las zayapas diciendo que son del género Grapsus y de la especie grapsus.

Esto de la taxonomía parece complicado pero para el que es aficionado puede convertirse en un ejercicio apasionante.

Las zayapas, como los demás crustáceos, tienen varias mudas. Llamamos muda a la renovación de los tegumentos (recubrimiento del cuerpo). Como la coraza que lo recubre no crece pero el cangrejo sí, llega un momento en el que tiene que desechar su viejo caparazón exterior. Es entonces cuando las zayapas quedan sin su principal medio de protección y empiezan a correr mucho peligro. El nuevo caparazón es más grande pero también más blando, al menos durante algún tiempo.

Los cangrejos pueden así, regenerar algún miembro que hubieran perdido antes, como una pinza o una pata.

Ya te habrás imaginado que las zayapas constituyen la dieta de muchos depredadores de las costas de las Galápagos. Enemigos que le atacan desde tierra, mar y aire.

Pobres zayapas. Por eso no les queda otro remedio que reproducirse masivamente... supongo.

El caso es que seguimos sin saber por qué los cangrejos andan hacia atrás. Una amiga me diría que para coger carrerilla y avanzar así una mayor distancia. "Eso, al menos" -decía- "es lo que suelo hacer yo".

¿Seguirá haciéndolo?, me pregunto.

Imagen procedente de http://places.mongabay.com/south_america/red-legged_crabs.jpg

sábado, 16 de julio de 2011

El futuro del turismo y el principio de responsabilidad


¿Qué tienen en común las Galápagos con '2001: una odisea en el espacio'? El turismo, sin duda.

Tal vez ni siquiera Stanley Kubrik (1928-1999) ni Arthur C. Clarke (1917-2008) llegaran a imaginar que alguien llegara a viajar como turista al espacio precisamente en 2001. En efecto, Dennis Anthony Tito se convirtió en el primer astronauta diez años después de que se malograra su primer viaje a la estación soviética MIR. Tenía entonces sesenta años de edad. Y, por supuesto, era un multimillonario de Wall Street que podía permitirse el capricho. El pasaje para este vuelo ronda los 20 millones de dólares.

Los turistas espaciales se cuentan, de momento, con los dedos de una mano. A Tito le siguieron Mark Shuttleworth, Gregory Olsen, Anousheh Ansari y Charles Simonyi.

Se puede argumentar que con su dinero estos turistas millonarios ayudan a sostener los viajes espaciales. Se trata del mismo argumento que se utiliza para justificar el turismo a las Galápagos, o a las costas mediterráneas. Del mismo modo, sin embargo, el turismo ha servido también para que nuestras costas desaparecieran sepultadas por bloques de apartamentos; que varias especies endémicas de las Galápagos estén en peligro de extinción o hayan desaparecido; o que estemos dejando en la órbita terrestre montones de basura espacial.

Que no todo el mundo pueda pagarse un pasaje al espacio deja bien claro que viajar como turista no es una actividad democrática, sino elitista. Como lo es también hacer turismo en las Galápagos.

El turismo, ya sea elitista o masivo, es difícil de compatibilizar con la sostenibilidad del planeta. ¿Llegaremos a construir hoteles espaciales? Posiblemente. ¿A qué coste? ¿Quién podrá pagarlo? ¿Cuánta gente morirá de hambre para que alguien pueda reunir la fortuna que costará el viaje? ¿Calcularán el coste ecológico? ¿Cuánta energía se consume en el lanzamiento de una expedición espacial? ¿Y en una a las Galápagos?

Hans Jonas (1903-1993) escribió sobre el principio de responsabilidad:
“Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra”. (ALCOBERRO, Ramon. 'Filosofia i pensament' en http://www.alcoberro.info/V1/jonas0.htm).

Fotograma de '2001: una odisea en el espacio'

jueves, 14 de julio de 2011

Focas y otarios, no son lo mismo

Es fácil caer en la confusión entre focas y otarios, pero no son lo mismo. Las focas y los leones marinos pertenecen a distintas familias: Phocidae y Otariidae, respectivamente.

En las Galápagos encontramos leones marinos, pero no focas que sólo habitan cerca de los polos.

A diferencia de los otáridos, las focas no tienen pabellón auditivo. Y sus extremidades posteriores dirigidas hacia atrás, no son funcionales en el desplazamiento terrestre. Los otarios, por el contrario, conservan éstas dirigidas hacia adelante y pueden moverse en tierra sin dificultad.

El Arctocephalus galapagoensis es la especie endémica de las Galápagos. ¿Recuerdas? En la taxonomía, el nombre científico se refiere al género, que en este caso es Arctocephalus, y a la especie, que es galapagoensis.

No son muy grandes. Los machos pueden llegar a medir 1,5 metros y pesar alrededor de 60 kg. Las hembras son ligeramente más pequeñas y bastante menos pesadas. Es decir, presentan poco dimorfismo sexual al contrario de lo que ocurre con los fócidos. Los leones marinos se alimentan de noche, cuando sus presas están más cerca de la superficie. Éstas consisten principalmente en cefalópodos y peces linterna. Buceando pueden alcanzar profundidades de 169 metros, en lo que las focas les superan con creces ya que éstas se sumergen hasta los 600 metros.

Los leones marinos de las Galápagos están en peligro de extinción.

miércoles, 13 de julio de 2011

El mundo es un pañuelo... digital


¿Cómo de grande es el mundo? ¿O cómo de pequeño?

Durante miles de años, la mayor parte de los humanos apenas conocían más allá de su aldea, su valle, sus bosques o sus montañas. Había movimientos de gentes, por supuesto, pero a través de largos períodos de tiempo. La navegación marina abrió nuevos horizontes y un nuevo continente apareció al otro lado del Atlántico. Un continente del que ni la Biblia sabía.

En 1684, el corsario Ambrose Cowley dibujó un mapa de las Galápagos que poco se parece a las vistas vía satélite que Google nos ofrece. Desde nuestro ordenador podemos ahora viajar virtualmente a las islas y ver su aspecto mediante una fotografía tomada a miles de kilómetros desde una nave espacial. En la época de Cowley, los humanos aún no habían inventado un artefacto con el que pudieran elevarse del suelo y, por supuesto, no conocían la fotografía.

Un siglo después, en 1783, los hermanos Montgolfier contribuyeron con sus globos aeroestáticos a ampliar nuestra perspectiva del mundo. Aún así, los humanos seguían necesitando tomar medidas a ras de tierra para levantar mapas. Precisamente, la expedición del HMS Beagle (1831-1836) tenía como objetivo principal tomar cotas que mejoraran el conocimiento cartográfico y, sobre todo, hidrográfico del continente sudamericano.

Hoy, mientras hacemos un viaje virtual a las Galápagos puede ocurrir que uno de nuestros compañeros se encuentre en China y otra esté a punto de aterrizar en Senegal, mientras que nuestro guía se adentra en las sabanas de Tanzania. Virtualmente, sin embargo, seguimos juntos.

Son los milagros del hipertexto a los que tenemos que ir acostumbrándonos, para bien o para mal.

La imagen puedes verla ampliada en http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/78/Gallapagos_Islands_1684.jpg

viernes, 8 de julio de 2011

Naúfragos en las Encantadas


En este viaje virtual a las islas Galápagos, o islas Encantadas, lo que uno espera es encontrar animales. Como autor, he podido forzar que nuestro primer encuentro fuera con un cachalote. Pero ésta es la fantasía. La realidad sería, más bien, que nos topáramos primero con los/las turistas.

Leo en Experience of Travelling, una guía de vacaciones on-line, un artículo sobre nuestras islas fechado en 20/05/2011. En éste se cuenta cómo el turismo creciente y el descontrol en las edificaciones llevaron a sucesivas designaciones como espacio protegido. Primero fue en 1957, como parque nacional de Ecuador y en 1979 por la UNESCO como espacio de interés para la humanidad.

Las Galápagos vienen a recibir unos 100.000 turistas anuales. En 2007, de nuevo la UNESCO denunció que muchas especies estaban amenazadas e incluyó el archipiélago en su lista de espacios protegidos por peligro de extinción (List World Heritage Sites in Danger Extinction).

Las autoridades son conscientes del problema y elaboran una serie de normas destinadas a los turistas:
  1. No salirse del camino trazado. Éste está claramente trazado con estacas blancas y negras;
  2. No molestar a los animales salvajes:
  3. No recoger souvenirs de las especies nativas de las Galápagos;
  4. No acercarse a los animales;
  5. No generar basuras en el parque;
  6. No está permitido fumar ni usar los teléfonos móviles dentro del parque;
  7. No dar de comer a los animales;
  8. No olvidar limpiar la suela de los zapatos antes de entrar en el parque;
  9. No abandonar el grupo en ningún momento.
A mí me parecen bien, pero me pregunto entonces: ¿cuál es el aliciente de visitar las islas? Si prácticamente no puedes hacer nada, sería mejor quedarse en casa mirando documentales. Si es por visitar una isla, podríamos disfrutar de las Baleares o las Canarias que las tenemos más cerca.

¿Acaso son más bonitas las Galápagos?

No era esa la opinión de Darwin:
"El 17 por la mañana desembarcamos en la isla Chatham [San Cristóbal]. Como todas las demás, es redondeada y no tiene más de particular que unas cuantas colinas, restos de antiguos cráteres. En una palabra, no hay nada menos atractivo que el aspecto de esta isla. Arbustos raquíticos, tostados por el Sol y que apenas pueden vivir, cubren en toda su extensión una corriente de lava basáltica negra de rugosísima superficie y hendida en varias partes por inmensas grietas. Calentada en exceso por los rayos del un Sol ardiente, la suerficie del terreno, callosa a fuerza de estar seca, hace pesado y asfixiante el aire como si saliese de un horno caliente. parecíanos que hasta los árboles se sentían mal". (Darwin, citado en Serrallonga, 2010; 14) (Las negritas son mías).
Cuenta Serrallonga que con el tiempo el alma de científico hizo que Darwin cediera al embrujo de las Encantadas.

Pero no todos somos científicos, así que perdonad mi curiosidad antropológica por plantear esta pregunta: ¿qué esperan encontrar los turistas que van a la isla? ¿A otros turistas, tal vez?


La imagen procede de Guide Vacation: http://experienceoftravelling.com/2011/05/wonders-of-the-galapagos-islands.htm

miércoles, 6 de julio de 2011

Frente al león dormido


Hace tres años que un grupo de gente inolvidable nos encontrábamos en la sabana, entre hienas y leones, siguiendo el rastro de los primeros homínidos. Allí estaba el profesor Jordi Serrallonga ejerciendo de guía virtual. Mañana nos encontraremos de nuevo, también de modo virtual, frente al león dormido.

Aunque los iniciados 'uocenses' se estarán deleitando con el juego de palabras, lo cierto es que existe un islote cercano a San Cristóbal, llamado así: el león dormido. En su libro, Serrallonga hace varias veces referencia a él, y no me extraña pues su silueta resulta muy peculiar.

En cierta manera, esta entrada es de transición. Hasta ahora hemos sobrevolado la isla a través de mapas, vistas desde el Google o animaciones de la NASA. Igualmente, nos subimos a bordo del HMS Beagle y retrocedimos hasta el siglo XIX para hacernos una idea de cómo era el pensamiento científico y social de aquella época. Repasamos algunos aspectos biográficos de los personajes principales, Charles Darwin y el capitán FitzRoy, aunque es seguro que volveremos sobre ellos. Nos sorprendimos con el experimento antropológico llevado a cabo con los fueguinos. Y apuntamos al problema teológico que subyace en todo encuentro con la verdad científica cuando ésta contradice las creencias religiosas, tales como el creacionismo o la teoría del diseño inteligente. Y todo ello sin olvidarnos del pastafarismo.

Ahora ya toca entrar en materia.

Dudo entre si poner pie en tierra firme o zambullirme en el mar. La biodiversidad de las Galápagos es tal que uno no sabe por dónde empezar: ¿por las iguanas? ¿Los leones marinos? ¿Las tortugas? ¿Los tiburones? ¿Las fragatas? ¿Los pinzones?... ¿Los percebes?

Una buena amiga me diría que empezara por el principio. Otra que por el final.

Imagen procedente del blog fotográfico de Marissa: http://galapagosislandsphotojournal.blogspot.com/2009/01/kicker-rockleon-dormido.html

martes, 28 de junio de 2011

Soltando lastre teológico


Curiosamente, Charles Darwin no fue un buen estudiante. Hijo de una familia acomodada, su padre le envió a la Universidad de Edimburgo para estudiar medicina. Pero él encontraba tediosas aquellas clases, además de sentirse indispuesto ante la visión de la sangre o el sufrimiento humano. Para colmo, era asiduo a fiestas y jornadas de caza. Y para mayor enfado de su padre, Darwin sólo se interesaba por las clases de historia natural, nos cuenta Serrallonga. (Serrallonga, 2010; 26)
Por aquel entonces no existían loa naturalistas. Por otra parte, ser pastor anglicano era una salida casi tan buena como ser médico. Así que nuestro Darwin acabó cursando estudios de teología en el Christ's College de Cambridge por prescripción paterna.
"Paradojas del destino, en Cambridge era aceptado un nuevo estudiante de teología que, décadas más tarde, se atrevería a hacer tambalear los cimientos del creacionismo". (Serrallonga, 2010; 27)
Fueron décadas más tarde porque en Darwin tuvo que darse un periodo de conversión que pudo empezar en las mismas Galápagos. No debió ser fácil elaborar una teoría de la evolución que contradecía la opinión predominante de la sociedad victoriana. Lo que no significa que antes de Darwin (a.D.)[1] no hubieran otras teorías tendentes a demostrar la evolución de las especies. Pero de eso ya hablaremos más adelante.

Lo que interesa remarcar aquí es que la concepción predominante es que la naturaleza era inamovible, que permanecía exactamente igual que en el momento de la Creación. A ese momento se le llegó a poner fecha y hora exacta por el doctor John Lightfoot (1602-1675) quien fue vicerector de la Universidad de Cambridge, precisamente. Las 9:00 horas del 23 de octubre de 4004 a.C. es conocida como la fecha determinada por Lightfoot, pero al parecer éste dijo otra cosa. La cita proviene del libro 'A History of the Warfare of Science with Theology in Christendom' (1896), cuyo autor es de Andrew Dickson White. Si hubiéramos de hacer caso al propio Lightfoot, éste afirmaba en 'The Harmony of the Four Evangelists, among themselves, and with the Old Testament' (1644), que estaban viviendo realmente en el año 5573 después de la Creación, es decir, que ésta habría ocurrido en el 3929 a.C. En una obra anterior, 'A few and new Observations upon the Book of Genesis' (1642), Ligthfoot afirma que Dios habría creado el mundo en un instante, pero a las 12:00 horas de la noche y no a las nueve de la mañana. La cita de las nueve se refiere a la creación del hombre y está contenida en el propio Génesis.

Decía Hitchens que:
"Aunque, pese a sus limitaciones, algunas defensas de la religión son espléndidas (podríamos citar a Pascal) y otras aburridas y absurdas (aquí no podemos evitar citar a C.S. Lewis), ambas modalidades tienen algo en común, y es lo siguiente: la atroz carga de retorcimiento que tienen que soportar. ¡Cuánto esfuerzo hace falta para afirmar lo increíble!". [2]
Y, paradójicamente, el viaje de Darwin a las Galápagos fue como consecuencia de los 'retorcidos' esfuerzos del capitán Robert FitzRoy (1805–1865) para poder seguir afirmando lo increíble ante el imparable avance de la ciencia. Pero FitzRoy merece un capítulo aparte.

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[1] a.D. es otro recurso narrativo de Serrallonga. Se refiere a que la historia de la humanidad tiene un antes y un después fijado en el año 1836, que es cuando Darwin regresa de las Galápagos. Afectaría, pues, a la propia vida del naturalista inglés.
[2] HITCHENS, Christopher. 'Dios no es bueno. Alegato contra la religión'. Debate. Barcelona, 2007


Imagen de un joven Darwin. Proviene de la web de la Universidad Complutense de Madrid: http://www.ucm.es/info/genetica/grupod/Genetica%20evolutiva/Especiacion/darwin-young.jpg

lunes, 27 de junio de 2011

Prolegómenos


Sabemos que Charles Robert Darwin (1809-1882) se pasó gran parte de su vida pensando en las Galápagos. Su estancia apenas duró algo más de un mes. El 20 de octubre de 1835 el HMS Beagle levó anclas y dejó atrás las también llamadas Islas Encantadas. Debido a una misteriosa enfermedad, dice Serrallonga,
"Darwin jamás volvería a embarcar con destino a las tierras ecuatoriales y tropicales. Aún así, fue capaz de viajar con la mente para acabar obsequiándonos con la teoría más decisiva de la Historia de la Ciencia y, cómo no, de la Humanidad". (Serrallonga, 2010; 11)
Desde entonces muchos pensaron en las Galápagos, aunque no todos pudieron ir. Las especies evolucionan pero la nuestra lo hace, además, a través de la cultura. Usamos nuestros conocimientos y fabricamos nuevas herramientas con las que nos enfrentamos al medio. El propio Serrallonga nos cuenta su llegada a Puerto Baquerizo Moreno a bordo de una aeronave y se permite la licencia narrativa de hacerlo acompañado del propio Darwin en una especie de 'regreso al futuro' que le permite asimismo retomar el pasado.

Los humanos no sólo vivimos la vida, sino que la contamos. Lo hizo Charles Darwin escribiendo en sus diarios. Lo mismo que luego Jordi Serrallonga en su inseparable Moleskine. Y es lo que, modestamente, me propongo hacer yo al escribir esta bitácora.

El mío será un viaje virtual a través del hipertexto. Será un viaje compartido, pues, contigo y con cuantos internautas se quieran sumar. Como navegante y náufrago no puedo asegurar cuánto durará. Ni siquiera estoy seguro de que regresemos, no ya a las Galápagos, sino de las Galápagos. Quizás nos quedemos allí para siempre.

Pensando.

La vida, al fin y al cabo, es un viaje. Y todo viaje 'debe' tener un objetivo y el nuestro es pensar. Pensar en la vida, de dónde venimos, quiénes somos y adónde vamos. Toda una aventura.

Bienvenido/a a bordo.


[1] SERRALLONGA, Jordi. 'Regreso a Galápagos. Mi viaje con Darwin'. Editorial UOC (Universitat Oberta de Catalunya). 2010

Acuarela de Owen Stanley (1841) representando al HMS Beagle durante su tercer viaje, en Australia. Enlace a la Wikipedia: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/54/HMSBeagle.jpg